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El placer de una persona inteligente es aparentar ser un idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.
Por Guru en Mayo del 2019 en Curiosidades

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El éxito de las relaciones sociales, no tiene nada que ver con la inteligencia. Tiene que ver con el sentido del humor, la capacidad de sonreír y hacer sonreír, y sobre todo en demostrar un interés genuino por lo que el otro cuenta; es decir, que se sientan valorizados. Aun cuando algunas de estas personas no te gusten y en especial si algunas de estas personas no te gustan.

Digamos que ésta sería la manera de llevar adelante una conversación de manera armoniosa y civilizada, teniendo consideración por los interlocutores.

Pero, ¿qué pasa con esas personas que hablan como si siempre tuvieron razón? ¡Son insoportables! Nada peor que tener que compartir una velada o una charla con alguien que es literalmente un imbécil con delirios de grandeza que no son más que incapaces intelectuales, obstinados y vanidosos, incapaces de un pensamiento personal o justo.

Y aún peor, esta clase de individuos se cree superior y lanza a diestra y siniestra y sin ningún tipo de miramiento, palabras o expresiones que caen mal en cualquier contexto. Todos podemos en algún momento caer en un error al hablar y sentir que hemos dicho algo que no estuvo bien, pero hay quienes de manera sistemática insisten en ponerse en este lugar de “sabelotodo” y hacer sentir incómodo a quien tengan al lado.

Lo único positivo que tienen es que son fáciles de reconocer, porque los tontos que se creen más de lo que son y que no alcanzan a entender que no pueden ser más precisamente por tontos, suelen repetir de manera incansable ciertas expresiones o actitudes que los ponen en evidencia.

Aquí te dejamos algunas pistas a tener en cuenta para llevar la delantera a la hora de reconocerlos.

1) El absolutismo.

Para los que ya hemos vivido algunos años y hemos tenido alguna que otra experiencia de esas que enseñan, sabemos que palabras como “nunca”, “siempre”, “jamás”, “nadie”… No se pueden utilizar a la ligera.

Éstas son palabras muy comunes que utiliza alguien que se cree inteligente porque cree que “todo” lo sabe, “nunca” se equivoca, “nadie” entiende lo que él entiende… Y así sucesivamente.

¿Quién puede determinar si alguien sabe todo o nada? La humildad no es una característica de estas personas.

2) La ofensa.

Otra expresión muy común en el sabelotodo es “no te ofendas, pero…” O también “con el debido respeto…” Bien sabemos que todo lo que venga detrás de estas advertencias no va a ser nada respetuoso y lo más probable es que nos sintamos ofendidos.

El imbécil sólo quiere seguir adelante con su imbecilidad y nada lo detiene. Pero en algún lugar recóndito de su cerebro puede entrever que posiblemente lo que diga no caiga del todo bien y entonces antepone estas frases como si con eso amortiguara el efecto de sus palabras hirientes o despectivas. Al final, sólo logra ponernos en aviso de que vamos a escuchar algo fuera de lugar.

3) El alarde.

Hacer alarde de algo es sencillamente un gesto aborrecible. Una persona inteligente, empática y con un alto sentido de la consideración por los sentimientos ajenos, jamás se jacta o hace alarde de tener razón.

Frases como “te lo dije”, causan un efecto negativo en cualquiera. ¿Quién quiere equivocarse? Absolutamente nadie. Cada vez que actuamos de acuerdo a una idea que tenemos, creemos que es lo mejor que podemos hacer, pero no siempre las cosas salen bien. A veces nos equivocamos.

El imbécil no hace más que remarcar y remarcar el error en el otro y sólo logra conseguir enemigos con esta actitud.

Una persona inteligente apoya, brinda consuelo y da ánimos; y por sobre todas las cosas, entiende que repetir esta frase hasta el cansancio, no suma nada.

4) El desinterés.

Una de las formas más comunes de sentirse rechazado es el desinterés por parte del otro. No somos tontos… Nos damos cuenta cuando alguien se interesa por lo que decimos o no se interesa por lo que decimos.

El imbécil desaprensivo muestra un desinterés manifiesto que traduce en expresiones como “no me importa”, o evidencia su desinterés mirando para otro lado mientras le hablan.

Puede ser que algo que nos planteen realmente no nos interese, pero no es necesario despreciar la propuesta del otro y sí es obligación responder al menos con respecto.

5) La ambigüedad.

Cuando el imbécil acomplejado quiere parecer agradable, trata a todos por igual. Es ese mismo que se dirige a todas las mujeres con un “linda”, “muñeca” o el peor de todos: “bebé”.

¿Acaso no sabe esa clase de tonto que jamás podrá conquistar a una mujer si no la llama por su nombre? Esta cosa ambigua de utilizar palabras que evidentemente utiliza con todo el mundo, no cae bien.

Expresiones como “buena suerte”, tiene un efecto parecido. No tiene ningún tipo de precisión y no ayuda en nada. Suena a algo positivo que debía decir sin saber exactamente qué.

Para los que detectamos estas actitudes estúpidas, nada mejor que sonreír para adentro y dejar a cada uno batallando con su propia miseria. No podemos caer en la misma estupidez de hacerle notar al tonto que es tonto, porque lo más probable es que no pueda entenderlo.

¿Cuántas personas conoces con estas características? ¿Qué actitud tomas frente a ellos? ¡Comenta y comparte!





Los consejos de Saludable.Guru son sólo para fines informativos y educativos. Saludable.Guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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