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¿Te cuento un secreto? No deberías... alguien confió en ti.
Por Guru en Junio del 2019 en Buenos Hábitos

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Todo el mundo dice tener valores y principios. Ser una persona íntegra, es aplicar esos valores y principios a la vida cotidiana. ¿Es este tu caso? A menudo escuchamos a las personas afirmar con total naturalidad que respetan estos ideales y que junto con ellos, también suman otras virtudes como el saber compartir, la tolerancia, las ansias de paz, de amor, de amistad… Sin embargo, vemos que las situaciones negativas siempre existen. Es decir, no todo el mundo aplica estos valores que dice poseer.

Convertirse en la persona que queremos realmente ser, es un trabajo a conciencia y personal de cada uno. Los valores y los principios que decimos tener son el ideal que nos hacemos de nosotros mismos. Es un sentimiento “mejorado” de cómo nos vemos, de lo que queremos ser y esto que queremos ser es siempre la búsqueda de la propia integridad, nuestra propia identidad.

Pero, ¿de qué se trata exactamente?

Una persona íntegra es una persona que no tiene nada que ocultar, que es la misma persona tanto en público como en privado. Se trata de alguien que camina según las exigencias y los valores de la palabra de Dios. Una persona que hace lo que dice y que vela por honrar sus compromisos sin falsedades ni dobles discursos.

Veamos esta comparación: algunos objetos son engañosos. Cuando los vemos, parecen objetos sólidos, pesados y consistentes. A simple vista parecen tener un peso determinado, pero nos sorprendemos cuando los tomamos en nuestras manos y los ponemos sobre una balanza… Y vemos que no pesan tanto porque por dentro están vacíos y huecos.

¡Qué decepción! La apariencia parece mostrar consistencia, pero la balanza revela que el objeto no tiene nada en su interior.

Esta es una hermosa imagen que Dios utiliza para describir a quienes carecen de integridad. Son personas que hablan bien, tienen una hermosa apariencia, tienen aspecto de personas honradas, pero cuando entramos en su círculo privado y los frecuentamos asiduamente, nos damos cuenta de que llevan una máscara y que lo que reflejan, lo que dicen, lo que muestran al exterior, no es el reflejo de lo que realmente son. Parecen personas honorables, pero viven en el pecado. Tienen la apariencia de ser personas tolerantes, pero maltratan a su familia o a su entorno. Parecen honestos, pero en realidad son hipócritas así como suelen hablar rápido y dejan de lado sin remordimientos los compromisos asumidos.

La integridad significa ser la misma persona tanto en público como en privado. Lo que decimos, es lo que pensamos; lo que afirmamos, lo vivimos y lo que prometemos, lo cumplimos.





La integridad, primero con uno mismo.

La integridad no puede existir en una persona si primero no la ejerce en sí misma, antes de convertirse en un ejemplo para otros. Ser íntegro con uno mismo, es escuchar su propia conciencia, no mentirse y estar en sintonía con sus conceptos más profundos, su forma de ver la vida y de actuar. Es un trabajo permanente y diario que se debe hacer sobre la tentación del facilismo, que nunca está lejos y siempre está dispuesto a ponernos a prueba.

No hay duda de que no hay nada tan poderoso como sentirse aliviado consigo mismo porque de esta forma todo se vuelve más simple, más limpio, más fluido y la energía circula libremente y nos lleva de manera natural a alcanzar nuestros objetivos. La integridad está bien inspiradora, ya que da testimonio de una gran fuerza interior, de la fuerza de la verdad, del carácter y de la autenticidad.

Algunas personas dicen que la integridad es una cualidad que está en vías de extinción y que cada vez la vemos menos en estas sociedades modernas en las que vivimos. Tener un carácter recto y un alma irreprochable y noble, se vuelve algo excepcional en nuestro trabajo y en nuestras instituciones.

Es por eso que nuestro trabajo es personal y en lugar de preocuparnos por los ideales de los demás o de buscar espejos en los cuales reflejarnos para encontrar inspiración, lo más importante es ser íntegros con nosotros mismos.

Nunca podemos exigirle a otro una actitud que nosotros mismos no practicamos. Confucio, el célebre pensador chino, definió a la persona íntegra como “un ser superior”, alguien que está dotado de una gran fuerza de espíritu para poner en práctica sus ideas y así, luego, poder exigirles a otros que también lo hagan.

Con esta imagen, podemos ver que más que sentirnos apegados a un sentimiento de justicia universal, existe una conexión necesaria entre nosotros mismos y el coraje de ser coherentes cuando se trate de las cosas que sentimos y hacemos. Éste es un interesante punto sobre el cual reflexionar.

Aun cuando nos hayan lastimado, nos hayan traicionado, nos hayan mentido, nos hayan engañado… Mantenerse íntegro significa no pagar con la misma moneda, no desarrollar sentimientos de venganza ni de rencor. Éstos sentimientos son negativos y desde el minuto cero no pueden ser aceptados por una persona íntegra, que ante circunstancias adversas como las que nombramos, simplemente se alejará de quienes no hayan estado a la altura de sus principios y de sus valores.

10 puntos que definen a una persona íntegra.

Ya hemos desarrollado minuciosamente que significa ser íntegro, pero ahora veremos en 10 puntos clave, cómo es una persona íntegra.

1) Se mantiene auténtica y respeta sus valores no importa cuáles sean las circunstancias.

2) Se preocupa y se interesa por las necesidades de quienes la rodean.

3) Trata a los demás como le gustaría ser tratada.

4) Actúa de acuerdo a lo que es justo, tanto en público como en privado, aun cuando no obtenga los resultados esperados.

5) Se esfuerza por hacer lo que es justo, aunque nadie más lo haga.

6) No busca ser perfecto, sino que trata de hacer lo mejor que puede.

7) Actúa de manera justa por los motivos correctos, y no para ganar favores o para servir a sus propios intereses.

8) Halaga y alaba de manera sincera y si de verdad lo cree; no para quedar bien o para obtener algo a cambio.

9) Cuida de no prometer cosas o decir que sí a algo, sólo por ser amable o para hacerse notar o para evitar un conflicto.

10) No acepta cosas que no le corresponden y explica con sinceridad porqué se niega a recibirlas.

En realidad, ser íntegros es casi una obligación. Todos deberíamos serlo. Pero, ¿no te parece que también es un derecho personal?

Serán innumerables las ocasiones en las que nos veremos tentados e incluso forzados a dejar de lado nuestra integridad y hacer cosas con las que no estamos de acuerdo. Esto nos deja un sabor amargo, porque hemos tenido que faltar a nuestros principios y resignar nuestros valores. Pensemos en lo que hemos dicho o hemos hecho y seamos sinceros con nosotros mismos en cuanto a la necesidad de hacer excepciones. La vida está plagada de excepciones.

La integridad es un valor para personas fuertes. Pero si queremos ser ejemplo para nuestros hijos, pongamos en práctica esta virtud tan valorada que no se aprende en los libros. La integridad se observa, se siente, se vive… Pero por sobre todas las cosas, se defiende.

¿Te consideras una persona íntegra? Cuéntanos tu experiencia con respecto a respetar tus principios y valores. ¡No dejes de compartir!





Los consejos de Saludable.Guru son sólo para fines informativos y educativos. Saludable.Guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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