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El secreto más hermoso para ser felices es la honestidad.
Por Guru en Noviembre del 2017 en Espiritualidad

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Mientras muchos viven pendientes de la opinión de los demás, otros eligen actuar según los preceptos de Cicerón: “Mi conciencia tiene para mí, más peso que la opinión de todo el mundo.”

¡Pero qué difícil es escapar de las garras de lo que piensan los demás de nosotros!

Sin embargo, ser honesto y franco equivale a dejar de lado la mentira y el engaño y quienes eligen este camino disfrutan de la libertad de no estar atados al peso de sus conciencias porque decidieron establecer una sintonía entre lo que piensan, y los que dicen y hacen.

Pero también debemos estar preparados para la tarea de ser auténticos, porque este es un sendero difícil en el que vamos a encontrar a quienes tanta honestidad no les cae bien.

Las consecuencias de ser honestos son muchas, pero eso le dará la certeza a los que te conocen que siempre podrán contar con tu franqueza. Inspirar confianza en alguien que sabe que nunca engañarías o mentirías para obtener un beneficio, no tiene precio.

Pero, ¿qué pasa con la honestidad aplicada a nosotros mismos?

La sabiduría popular dice que “todos tenemos un muerto en el placard”. Esto quiere decir, que todos tenemos secretos y actitudes de las que nos avergonzamos, pero también implica que siempre podemos elegir cambiar y en nuestro ser interior también podemos y debemos ser honestos. ¡Y esta es la honestidad más difícil de alcanzar!

Hurgar en ese rincón privado y secreto en donde escondemos nuestra vulnerabilidad debe ser lo primero que debemos explorar si decidimos emprender una vida de honestidad y franqueza. La honestidad y la franqueza que necesitamos, aplicada a nosotros mismos.

Pero la ciencia afirma que una vez que alcanzamos ese nivel de sinceramiento personal y social, también obtenemos un bienestar interior que simplemente, nos hace felices.

Siempre se dice que el primer núcleo social en una sociedad es la familia, pero cada familia también empieza con un individuo. Si ese individuo logra la honestidad necesaria para consigo mismo y luego la vuelca en sus seres queridos haciendo que sus hijos también sean honestos y sinceros, estará sembrando la semilla para una sociedad mucho mejor.





¡Qué valioso sería que todos actuáramos igual!

La honestidad es sinónimo de franqueza, verdad, transparencia, lealtad, fidelidad… Todo lo que esperamos de las personas con las que nos rodeamos. ¿Por qué no empezar por nosotros mismos?

Los honestos además de felices, también son valientes.

Porque realmente hay que serlo para ir por la vida siendo honesto y evitando caer en la tentación de la mentira y el engaño que hoy son moneda corriente y que en algunos casos justificamos diciendo que no tenemos más alternativa que recurrir a eso.

Pero cuidado, creer que uno hace uso del coraje de decir la verdad y de ser sincero y honesto no debe confundirse con ser hiriente. Es también un logro de la persona honesta trasmitir el mensaje que su conciencia y sus principios le indican, pero eligiendo un mecanismo con rasgos condescendientes, porque como ya habremos notado a lo largo de nuestra vida, no todo el mundo está preparado para una buena dosis de honestidad.

Los estudios revelan que las personas honestas gozan por lo general de buena salud, porque han logrado extirpar de su mente y de su corazón todo atisbo de mezquindad, egoísmo y avaricia.

Vivir con todo eso, seguramente no aporta nada bueno a nuestra salud.

Para nuestros hijos.

Los adultos ya tenemos conciencia y sabemos a ciencia cierta qué está bien y qué está mal, pero los adultos que aun así eligen el camino del engaño y la mentira tal vez no tuvieron alguien que les hiciera comprender lo importante de ser honesto. Ser honesto se cultiva.

Como padres, somos el modelo a seguir para nuestros hijos y todo lo que hagamos quedará grabado en sus memorias para siempre. La honestidad y la sinceridad son unos de esos valores que deben enseñarse y una de las maneras más efectivas e inolvidables en que podemos transmitirles enseñanzas a nuestros hijos, son los ejemplos.

Esta historia de la vida cotidiana pero con un contenido enorme representa de manera breve la importancia de enseñar en el bien.

Una historia sobre la honestidad.

Se encontraban en la entrada del cine una madre con su hijo de 5 años. En la ventanilla había un mensaje que decía: “Niños menores de 5 años, no pagan”.

La madre se acerca a comprar las entradas y en la boletería le preguntan:

“¿Cuántos años tiene el niño?”

La madre responde: “Tiene 5 años”.

La empleada sonrió y dijo: “Parece menor. Si usted hubiera dicho que tiene 4 años nadie se hubiera dado cuenta y no hubiera pagado la entrada”.

A lo que la madre respondió: “Tal vez usted no se hubiera dado cuenta, pero él sí”.

La ética y la honestidad en la actitud de esta madre son valores que su hijo nunca olvidará, pero al mismo tiempo debemos saber que estos valores deben fortalecerse permanentemente.

Empecemos por nosotros mismos, seamos honestos con nuestro pasado, perdonemos nuestros errores y comencemos a partir de hoy con una nueva etapa de honestidad que abarque también a nuestras familias.

Démosles también a ellos la oportunidad de vivir una vida plena y feliz, libres de la carga que implica acarrear con falsedades e hipocresías.

¿Qué te pareció este análisis sobre la honestidad? ¿Qué opinas sobre educar en los valores positivos de la honestidad? ¡Esperamos tus comentarios!





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