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Son preferibles las distancias honestas a las cercanías hipócritas.
Por Guru en Diciembre del 2017 en Espiritualidad

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“Decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.” ¿Cuántas veces hemos escuchado esto dentro de un marco de legalidad y de pedido imperioso de no falsear la información que se brinda?

¿Somos capaces de decir siempre la verdad? ¿Qué diferencia hay entre decir la verdad y ser honestos? ¿Acaso no está la hipocresía al acecho?

El filósofo español Jaime Luciano Balmes dijo que “el hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a otros.” ¿Estás de acuerdo? ¿Somos hipócritas con otros pero también lo somos con nosotros mismos? ¡Cuántos interrogantes cuando hablamos de hipocresía!

La verdad es que son muchas las cosas que se mezclan aquí. Por un lado, el deseo o la convicción que cada uno pueda tener sobre qué es la verdad y la necesidad de decirla y por el otro, aprender a ser honestos sin herir a los demás.

Esta debe ser una de las tareas más difíciles pero en definitiva es la que nos permitirá comunicarnos de manera eficaz y desarrollar relaciones más sanas con las personas que nos rodean.

Tomar en cuenta los sentimientos de otros y elegir un acercamiento amable y no amenazante, es lo que también nos permitirá no quedarnos solos en el mundo.

Utilizar palabras constructivas, en particular si damos consejos o pedimos a alguien que haga un cambio. Consideremos lo que la otra persona siente, evitemos descorazonarlos al igual que juzgar. Mientras aprendemos a ser menos duros, las personas responden de igual manera a todo lo que les señales y se sentirán menos atacadas en relación a lo que les pidas.

Pero desde esta manera de actuar tan constructiva y civilizada a ser hipócrita, hay una diferencia enorme.

Lo cierto es que los hipócritas pueden arruinarnos la vida. Estos comportamientos maliciosos por parte de personas que tienen doble cara afectan nuestro día a día y nos hacen sentir mal.

Un momento nos están hablando mal de alguien y al siguiente frente a esa persona actúan como si nada fuera. Se camuflan detrás de halagos y hacen un despliegue de hipocresía tal que incluso nos hacen dudar de nosotros mismos.

Por instinto, detectamos rápidamente estas personalidades tóxicas porque simplemente crean un clima enrarecido que es imposible no percibir. Lo mejor es tomar distancia física, o por lo menos emocional.

Honestidad e hipocresía. ¿Y nosotros cómo somos?

La honestidad es un elemento básico y necesario para construir una relación de confianza. Un viejo refrán dice “se tú mismo y acepta al otro tal cual es.” La hipocresía es el primero de todos los vicios y la sinceridad la más grande de las virtudes.

Es cierto que cuando hoy utilizamos la palabra “hipócrita”, bien sabemos lo que quiere decir. Sonreímos a un compañero de trabajo, a una vecina, a un cliente, a una hermana o un hermano y no dejamos de ser amables, pero en nuestro ser interior pensamos diferente.





¿Cómo agradecer el regalo de alguien a quien no queremos? El hipócrita es efectivamente aquel que juega un doble juego y desempeña un doble rol. Decimos que la honestidad puede provocar conflictos y es verdad, pero por sobre todas las cosas, también nos puede hacer perder.

Es cierto que muchas veces en la vida somos hipócritas y no lo sabemos muy bien. ¿Cuantos creyentes de cualquier religión no están tentados a convencer a otros sobre la superioridad de sus tradiciones al punto de querer imponerlas incluso por la fuerza?

Pero una cosa es conservar las formas, vivir de manera civilizada, pensar en cuanto podemos herir a otros con una honestidad brutal y franca y otra es presumir de una hipocresía con malicia que inevitablemente en algún momento traicionará al hipócrita.

La palabra y la actitud de un hipócrita siempre vienen de un corazón malicioso que busca obtener un provecho en beneficio propio con sus actitudes falsas y embusteras.

Nunca la actitud y la palabra de un hipócrita podrán hacer sentir bien a otro por mucho que se esfuerce porque a la larga estas formas mezquinas de relacionarse con los demás salen a la luz. Son muy distintas de otros que tal vez recurren a modos más amables y menos artificiales para decir las cosas, porque toman en consideración principalmente los sentimientos de los demás y en el fondo saben que “la verdad” no es absolutamente necesaria cuando no va a aportar nada bueno y sólo va a traer dolor.

A no confundir, no se trata de ir por la vida mintiendo y falseando, sino de transmitir la verdad y hablar con franqueza pensando en que del otro lado tenemos a una persona sensible que tal vez esté esperando una palabra de aliento y un consejo sano.

La amabilidad es la máscara que utiliza el hipócrita para esconder sus malas intenciones. Esta es la gran diferencia con el honesto, que buscará decir lo que considere pertinentes decir, con el fin de enriquecer una relación y mejorar los vínculos.

¿Qué opinas? ¿Podemos ser sinceros sin herir?




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