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Carta de Dios para una mujer que se siente triste.

El sentimiento de derrota no se puede disimular. Todas las mujeres en algún momento nos hemos sentido abatidas al punto de creer que lo que nos sucede es tan duro y tan pesado que jamás podremos reponernos.

Perder el entusiasmo y sentirse inundada por las decepciones puede ser consecuencia de muchos factores: la pérdida de un ser querido, la falta de trabajo, una situación económica dura, una ruptura amorosa…

La vida no es fácil. Tenemos momentos gloriosos, felices, alegres… Y un momento después surge algo que nos angustia, nos enoja o nos hace sentir que ya no podemos seguir adelante.

Te sientes cansada de luchar o de tener que poner en tu cara una sonrisa forzada para disimular cuando en realidad lo único que quieres es llorar. Maquillar la tristeza a veces se convierte en rutina y sientes que lo único que te ha mantenido entera es el hecho de negar este sentimiento. Pero ya no puedes más. Tu pena es tan grande que ni siquiera puedes disimularla.

En primer lugar, debemos pensar que todos tenemos derecho a sentirnos mal en algún momento y a dejar salir las emociones negativas. ¡Es necesario hacerlo! Tienes derecho a llorar, gritar, sentirte enojada o deprimida. A veces la vida nos pesa demasiado. Estás obligada a estar siempre bien y esconderte detrás de la máscara de bienestar sólo para hacer creer a otros que no tienes ningún problema. Piensa que esta máscara también es nociva, porque tal vez disimule tu rostro angustiado y te permita interpretar un personaje dentro del cual puedes perderte por completo traicionándote a ti misma y traicionando tus sentimientos.

Te pedimos que leas esta carta. Una carta de Dios dedicada especialmente a las mujeres tristes. Te recomendamos que te tomes un rato para ti, que te sientes en tu lugar preferido, que preferentemente lo hagas sola, con una música suave y con el corazón abierto para recibir este consuelo que al mismo tiempo es una bocanada de aire fresco, de ánimo y de fuerzas para enfrentar tu momento difícil.





“Querida mujer:

Si has llegado a este punto es porque estás preparada para recibir estas palabras dulces, pero verdaderas.

Sabrás que no todos los días serán felices y alegres, con risas y buenos momentos, pero aun así quiero que sepas que aunque parezca que me he alejado, sigo estando ahí, guiando tus pasos y acompañándote en un momento triste.

No bajes los brazos. No claudiques. No te rindas. No hay nada perdido y tu fuerza combinada con mi amor infinito, te impulsarán a dejar atrás este momento oscuro.

Sólo deseo tu felicidad, pero para alcanzarla, también necesito de tu ayuda. Mira hacia atrás, aprende de tus éxitos y fracasos, revisa a las personas de tu entorno y acércate más a las que te hacen bien y aléjate de las que te hacen mal.

Tu valor es incuestionable. Tú eres una mujer valiosa. ¡Nunca lo olvides! ¡Nunca dejes que alguien te convenza de lo contrario! ¡Tú puedes concretar cualquier cosa que te propongas!

Las mujeres son la vida. Fueron las elegidas por la naturaleza para multiplicar el amor y esa es su mayor fortaleza.

Deja de lado lo que te haga mal y lo que te haga daño. ¡Tú sabes qué es! Esto te permitirá liberarte y aliviarte. ¡No cargues con pesos innecesarios!

Yo iluminaré tu camino. Sigo estando tu lado. Cada día será un esfuerzo, pero cada día será mejor.

Con valor y amor, llegarás a donde quieras. Estaré a tu lado en cada paso que des. Estaré cuidando cada semilla que siembres. Estaré consolando cada angustia que sientas.

No temas. Yo pondré luz a tus problemas para que puedas resolverlos con tu fuerza. Sé valiente. Confía.

Dios te ama. Amén.”

Que esta carta llegue a muchas mujeres. Tanto las que están pasando por malos momentos como las que no, porque todas hemos atravesado situaciones difíciles y aún hoy tal vez necesitemos la palabra reconfortante de Dios haciéndonos saber que no estuvimos solas, sino que siempre estuvo a nuestro lado, brindándonos su apoyo incondicional.

Comenta y comparte esta carta de Dios.





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