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Mi abuela, la más bonita estrella en el cielo.
Por Guru en Diciembre del 2017 en Espiritualidad

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Si te pidiéramos que contaras algo sobre tu abuela, tal vez no sabrías por dónde empezar porque de pronto aparecerían en tu mente montones de imágenes y recuerdos e incluso los olores característicos de su cocina. Pero si lograras seleccionar y empezar a contar algo de todo eso que se amontona en tu memoria, seguramente después no podrías parar de relatar una y otra anécdota de todo tipo y color.

¡Es que las abuelas encierran tanto que sería imposible resumir lo que representan para nosotros en una sola frase!

Jazmín cuenta una anécdota sobre su abuela: “Hacía mucho que con mi hermana le pedíamos a mi mamá que nos permitiera tener una mascota en casa. ¡Mi hermana y yo queríamos un perro! Pero claro, el argumento de mi madre era el de todas las madres. Sabía que nosotras nos dedicaríamos únicamente jugar con el perro y ella tendría que ocuparse del resto; de modo que la respuesta siempre era NO.

Pero una tarde, mientras paseábamos con nuestra abuela, pasamos por un lugar en donde regalaban perritos abandonados. Con mi hermana nos enamoramos de uno pero sabíamos que mamá se iba a negar. Y entonces la abuela hizo “la magia” de allanar el camino para que pudiéramos tener a nuestra mascota. Convenció a mi madre para que pudiéramos quedarnos con el perro y si bien nosotras ya la amábamos, ese día se convirtió en nuestro héroe.”

Porque claro, el rol de la abuela también es interceder, mediar y oficiar de “vocero”. Se convierten en nuestros cómplices más leales y nos acompañan en nuestras travesuras, pero también celebran nuestros éxitos y nos reconfortan en nuestros fracasos.





¿Y qué decir de los consejos que recibimos de la abuela?

Las abuelas hablan maravillas de nosotros enfrente de otros, pero no dudan en decirnos verdades cuando estamos a solas. Son de esos consejos que quedan tatuados en la memoria. Imposibles de olvidar. ¡Y para colmo siempre tienen razón! ¿Cómo lo hacen? Estas mujeres tienen una sabiduría infinita que forjaron a lo largo de los años y a través de sus propias experiencias de vida.

Ángel recuerda su abuela: “Ya hace tres años que mi abuela nos dejó y hace tres años que sigo llorando cada vez que la recuerdo porque era mi mejor amiga, mi confidente, mi guía… Desgraciadamente, mis padres no fueron cariñosos conmigo, pero ella compensaba la falta de atención y me consolaba siempre que lo necesitaba. Mi abuela me daba la prioridad a la hora de almorzar y era al primero al que le preguntaba que quería comer porque yo era “su vida”, como ella me llamaba. ¡Cuánta falta me haces abuela! Todavía te sigo extrañando.”

Para muchos, la abuela fue como una segunda madre. En el seno de muchas familias, la situación económica exigía que las madres tuvieran que salir a trabajar y las abuelas se convirtieron en abuelas y en niñeras de sus nietos. Esto contribuyó a forjar un lazo entre ellos de amor inmenso y de gratitud eterna.

Pero no sólo podemos contar anécdotas de nuestras abuelas sino que podemos contar las anécdotas que ellas mismas contaban. Muchas atravesaron penurias, guerras y viajes a países desconocidos con futuros inciertos.

Olivia recuerda las tragedias de la guerra: “Mi abuela se llamaba Jeanne y durante la Segunda Guerra Mundial se resistía al destino al que todos parecían estar sometidos. Jeanne era francesa y se unió a la Resistencia al mismo tiempo que ayudaba a judíos y polacos a esconderse de los nazis.

Sabía que corría un riesgo enorme, porque eso estaba prohibido; pero ella de igual manera albergó a muchos refugiados en su casa y con la ayuda de su vecino Michel, idearon una estrategia para que cuando los nazis revisaran las casas buscando gente para llevarse, los refugiados pudieran pasar de una casa a otra.

Las dos casas se conectaban a través de sus jardines y cuando Michel veía pasar a la policía por su casa, corría a avisarle a mi abuela que estaban llegando y entonces apoyaba una escalera en la pared para que los refugiados pasaran a la casa de él y pudieran esconderse. Una vez que revisaban la casa de mi abuela y no encontraban a nadie, los refugiados volvían a la casa de ella. Finalmente, mi abuela Jeanne se casó con mi abuelo Michel.”

Aunque las veamos peinando canas, tal vez con un cuerpo un poco encorvado y caminando con la ayuda de un bastón, las abuelas fueron esposas amorosas, madres ejemplares y abuelas entregadas al amor de sus nietos, pero también fueron mujeres intrépidas y valientes que supieron enfrentar la adversidad en momentos en que todo era mucho más difícil. Todo esto hizo de ellas esos seres maravillosos que hoy conocemos, que muchos aún pueden disfrutar y que otros sólo podemos recordar.

Nuestro mayor reconocimiento y cariño eterno para nuestras abuelas maravillosas. Sólo nos queda dar gracias a Dios por habernos permitido conocerlas y compartir tantas cosas junto a ellas.

¿Cuántos recuerdos de tu abuela vinieron a tu memoria?




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