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Nunca discutas con alguien que se cree sus propias mentiras.

Desde nuestra más tierna infancia, nos dicen que mentir está mal y que “si decimos mentiras, nos crecerá la nariz como a Pinocho”. Bien, una vez que entendemos que eso no va a suceder, muchos recurrimos alguna vez a la mentira, otros mienten permanentemente y otros hacen un arte del hábito de mentir.

A menudo, nos decimos que una pequeña mentira, no hace mal a nadie y es así como poco a poco, nuestra definición de la verdad se va alterando.

En esta evolución, encontramos personas que superan todo tipo de límite que pudiéramos considerar “normal” y se vuelven mentirosos incontrolables.

Y es ahí cuando nos hacemos varias preguntas: ¿Mienten para obtener un objetivo en particular? ¿Se dan cuenta de que mienten? ¿Entienden el sufrimiento que generan en otros cuando lo hacen?

Desgraciadamente, muchas veces no. Y lo peor es que si tratamos de ayudarlos, nos rechazan con una mentira aún más grande.

¡Pero, cuidado! Al mentiroso le conviene tener memoria.

¿Por qué las personas mienten? Veamos las principales razones.

1) Temor al “qué dirán”.

Aquí podemos hacer un paréntesis e incluir dentro de la clásica mentira, la mentira “por omisión”, es decir; ocultar algo que deberíamos decir.

Las personas se ven obligadas a mentir, cuando tienen miedo de lo que otros pensarán o dirán, si revelan una verdad. En especial, si se trata de la familia o amigos.

Revelar un secreto podría arruinar una relación, una amistad o una oportunidad laboral.

2) La verdad es riesgo y peligro.

¿Qué hacer cuando decir la verdad implica un riesgo o es peligroso?

Veamos estos ejemplos:

- Vimos al marido de nuestra amiga con otra mujer en una situación comprometida. ¿Se lo contamos?

- Tomamos dinero que no nos pertenece. ¿Lo confesamos?

- Tenemos una preferencia sexual que no es la que el entorno supone. ¿La reconocemos?

Aunque las personas se sientan mal haciéndolo, recurrirán a la mentira porque la verdad implica un riesgo que nadie quiere correr.

3) Falta de confianza.

Cuando las personas pasaron por situaciones terribles que les provocaron traumas, se les hace difícil poder confiar en alguien y es ahí cuando en ocasiones recurren a la mentira, para no sentirse tan expuestas.

Por otra parte, muchos temen contar estos hechos que acontecieron en sus vidas por miedo a ser juzgados o por miedo a no ser comprendidos.





4) Consecuencias.

Las acciones tienen consecuencias. Una vez que hemos mentido o hemos ocultado, después se hace muy difícil desandar el camino recorrido y debemos sostener una mentira con otra mentira.

Si hubieras estado preso, ¿dirías en una entrevista de trabajo que estuviste preso? Probablemente no, porque la verdad podría tener consecuencias negativas, y estas consecuencias negativas son las que nos llevan a mentir.

5) Perjuicio ajeno.

Esta es el peor tipo de mentira; la mentira para perjudicar a otro.

Las motivaciones pueden ser muchas, pero por cierto que son todas mezquinas y aberrantes.

Mentir difamando a otros, para manchar su reputación, para generar conflictos en una pareja, familia o entorno laboral…

Este tipo de mentiras suelen saberse a la larga y pueden tener terribles consecuencias.

6) Acorralados.

Si hay algo que es propio del ser humano, es la respuesta al instinto de supervivencia.

Lo cierto es que si ante una situación extrema en la que nos sentimos acorralados, pensamos que una mentira va a salvarnos, entonces no lo dudaremos y mentiremos sin reparos.

Si la mentira significara la diferencia entre la vida y la muerte, ¿qué harías? No hay duda. Todos mentiríamos.

Mentiras piadosas.

Las mentiras piadosas o “mentiras blancas”, son esas mentiras que las personas dicen para no herir a alguien.

Cuando se trata de proteger a los que amamos, haríamos cualquier cosa para que no sufran; incluso mentir.

Eso nos pone en una situación doblemente desagradable, porque no estamos conformes con tener que mentir y porque las consecuencias de haber mentido pueden volverse en nuestra contra.

¡Terrible dilema!

Camila cuenta: “Yo estaba embarazada y mi embarazo no estaba pasando por un buen momento. Mi esposo llegó una tarde de trabajar con aspecto abatido y cuando le pregunté qué le pasaba, simplemente me dijo que había tenido un día agitado y estaba cansado. Pero con el correr de los días lo seguía viendo apesadumbrado y siempre me respondía lo mismo.

Un día, mientras ordenaba su ropa, encontré en un bolsillo, un telegrama de despido. ¡Mi esposo estaba sin trabajo! No había querido decirme nada para no preocuparme. Y cada día que salía supuestamente a trabajar, era porque estaba buscando un nuevo empleo.

Le recriminé la mentira, pero entendí que lo hizo para no angustiarme. De todas formas, acordamos que juntos podemos resolver mejor los problemas y que por muy duro que sea, debíamos ser sinceros el uno con el otro.”

¿Qué opinas sobre las mentiras? ¿Sueles mentir algunas veces? ¿Perdonarías una mentira? ¡Comenta y comparte!





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